El cielo, que todo lo sabe
Nos ha observado
Mitad cómplice mitad espía
Ha tomado nota del pecado
Y la virtud de nuestros cuerpos
Llenos del deseo y la furia
Mientras tanto memorizamos
Nuestras pieles burdas
Abarcando con las uñas
Recovecos accidentados
Colmados de vergüenza
Y de una pasión sabor a tierra
Los límites de nuestra carne
Nos han llevado a los extremos
De la memoria fragmentada
Donde conviven el crimen
La perversión y la inocencia
Pero el pasado está vacío
Tú y yo en cambio sabemos
El gran secreto: que el mundo
No se reinventa cada mañana
Que la rueda gira y no hay nada
Que se perdone ni se olvide
Sólo queda la descomposición
Ahora encallados en el borde
De un estacionamiento fantasma
Bañado en la luz de la lluvia
Y de las palabras nocturnas
Me detestas, cruel, impartes
La justicia del dolor y del cielo
El cielo, que todo lo sabe
Que nos mira con la sabiduría
Del abismo de la condena
Nos empuja el uno al otro
Luego desvía la mirada
Quidquid habet evenire
-Ian