viernes, 9 de enero de 2026

Aunque mis labios no se muevan más

El cielo, que todo lo sabe

Nos ha observado

Mitad cómplice mitad espía

Ha tomado nota del pecado

Y la virtud de nuestros cuerpos

Llenos del deseo y la furia


Mientras tanto memorizamos

Nuestras pieles burdas

Abarcando con las uñas

Recovecos accidentados

Colmados de vergüenza

Y de una pasión sabor a tierra


Los límites de nuestra carne

Nos han llevado a los extremos

De la memoria fragmentada

Donde conviven el crimen

La perversión y la inocencia

Pero el pasado está vacío


Tú y yo en cambio sabemos

El gran secreto: que el mundo

No se reinventa cada mañana

Que la rueda gira y no hay nada

Que se perdone ni se olvide

Sólo queda la descomposición


Ahora encallados en el borde

De un estacionamiento fantasma

Bañado en la luz de la lluvia

Y de las palabras nocturnas

Me detestas, cruel, impartes

La justicia del dolor y del cielo


El cielo, que todo lo sabe

Que nos mira con la sabiduría

Del abismo de la condena

Nos empuja el uno al otro

Luego desvía la mirada

Quidquid habet evenire


-Ian

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