miércoles, 22 de abril de 2026

Alfombras turcas

Tu rostro me duele

como uno imagina que duele el amor

como es realmente el dolor de la muerte

pero ni el amor ni la muerte son tan dulces


Me duelen tus dientes

que se me figuran filosos y solitarios

como la palabra en inglés para el granizo

como comer a las seis de la tarde

como una bolsa de té expirado


Tus ojos me lastiman

brillan en la oscuridad

como un juguete de la infancia

en el fondo de un baúl polvoriento

como la luz de una motocicleta

en la inquietante noche del páramo


Me cuentan que has llorado pero no lo sé

imagino tus lágrimas como la sombra

diminuta del sol en una caja de zapatos

cuando la luna lo cubre a plena tarde

¿Crees que a los empleados del call center

les permitirán ver el eclipse total?

¿O el primer partido del mundial?


¿Sabrán los asalariados y sabrá acaso dios

de aquella vez que soñé que te besaba

en las escaleras de una torre de vigía?

El viento azotando nuestros cuerpos

debajo de nosotros la soledad del mundo

la soledad de la mañana en la que el sueño

se evapora y queda solamente el despertar

de la madrugada plateada de navaja suiza


Mañana cuando pases por aquí

te diré que me duele tu piel

que los perfumes y los colores

te quedan todos bien

te diré que tus manos me destierran

que las pienso pintando un comedor

te diré que me aterroriza tu proximidad

te diré que te extraño siempre o quizás

te diré que no tengo nada que decir


-Ian

viernes, 17 de abril de 2026

El orden fatalmente momentáneo

Sé que te encontraré en las sobras del día

que desaparecerás detrás del disco dorado

cuando las olas de tierra vengan a romper

sobre las costas aladas de charcos negros

que reverberan ante la violenta influencia

de botas de chanclas de callos del tiempo

estático un cubo que borra con paciencia

el testimonio diario de la vida que se parece

a la muerte y que se parece a un calendario

olvidado en el mes de mayo en una pared

manchada de humedad de tristeza húmeda

como el poema raquítico donde soñamos

con volarnos la cabeza y mi mano cubierta

de sangre y de sesos y el deslumbramiento

del orbe y del firmamento donde renacerán

los estadios de béisbol el césped amarillo

(el círculo dorado, al cubo infinito, el reloj)

Se que te encontraré en la alborada azul

cuando las horas se entrecierren definidas

recortando con rencor el glorioso escape

donde se desdibuja se opaca la realidad

y en consecuencia y a favor del fino polvo

nos sacudimos la película de desagrado

embrutecidos ebrios de un mar desangrado

del cielo verde del atardecer morado o lila

de la noche pantanosa donde brotaremos

recubiertos de escamas fosforescentes

ojos inmensos enhiestos llenos de flores

repletos de ajonjolí de ternura y desprecio

mientras tanto respiro perpetuo del agua

podrida de la primavera desecada de marzo

aguardo la templada oscuridad del trópico

en donde sé que aparecerás por la cortina

de mi habitación y me cubrirás de bálsamo

con sabor a vainilla con olor a coco hervido

me llenarás de pepitas de oro y me besarás

hasta que la penumbra vaya apaciguando

y el día nos reciba secreto feroz metálico


-Ian