viernes, 17 de abril de 2026

El orden fatalmente momentáneo

Sé que te encontraré en las sobras del día

que desaparecerás detrás del disco dorado

cuando las olas de tierra vengan a romper

sobre las costas aladas de charcos negros

que reverberan ante la violenta influencia

de botas de chanclas de callos del tiempo

estático un cubo que borra con paciencia

el testimonio diario de la vida que se parece

a la muerte y que se parece a un calendario

olvidado en el mes de mayo en una pared

manchada de humedad de tristeza húmeda

como el poema raquítico donde soñamos

con volarnos la cabeza y mi mano cubierta

de sangre y de sesos y el deslumbramiento

del orbe y del firmamento donde renacerán

los estadios de béisbol el césped amarillo

(el círculo dorado, al cubo infinito, el reloj)

Se que te encontraré en la alborada azul

cuando las horas se entrecierren definidas

recortando con rencor el glorioso escape

donde se desdibuja se opaca la realidad

y en consecuencia y a favor del fino polvo

nos sacudimos la película de desagrado

embrutecidos ebrios de un mar desangrado

del cielo verde del atardecer morado o lila

de la noche pantanosa donde brotaremos

recubiertos de escamas fosforescentes

ojos inmensos enhiestos llenos de flores

repletos de ajonjolí de ternura y desprecio

mientras tanto respiro perpetuo del agua

podrida de la primavera desecada de marzo

aguardo la templada oscuridad del trópico

en donde sé que aparecerás por la cortina

de mi habitación y me cubrirás de bálsamo

con sabor a vainilla con olor a coco hervido

me llenarás de pepitas de oro y me besarás

hasta que la penumbra vaya apaciguando

y el día nos reciba secreto feroz metálico


-Ian