Sé que te encontraré en las sobras del día
que desaparecerás detrás del disco dorado
cuando las olas de tierra vengan a romper
sobre las costas aladas de charcos negros
que reverberan ante la violenta influencia
de botas de chanclas de callos del tiempo
estático un cubo que borra con paciencia
el testimonio diario de la vida que se parece
a la muerte y que se parece a un calendario
olvidado en el mes de mayo en una pared
manchada de humedad de tristeza húmeda
como el poema raquítico donde soñamos
con volarnos la cabeza y mi mano cubierta
de sangre y de sesos y el deslumbramiento
del orbe y del firmamento donde renacerán
los estadios de béisbol el césped amarillo
(el círculo dorado, al cubo infinito, el reloj)
Se que te encontraré en la alborada azul
cuando las horas se entrecierren definidas
recortando con rencor el glorioso escape
donde se desdibuja se opaca la realidad
y en consecuencia y a favor del fino polvo
nos sacudimos la película de desagrado
embrutecidos ebrios de un mar desangrado
del cielo verde del atardecer morado o lila
de la noche pantanosa donde brotaremos
recubiertos de escamas fosforescentes
ojos inmensos enhiestos llenos de flores
repletos de ajonjolí de ternura y desprecio
mientras tanto respiro perpetuo del agua
podrida de la primavera desecada de marzo
aguardo la templada oscuridad del trópico
en donde sé que aparecerás por la cortina
de mi habitación y me cubrirás de bálsamo
con sabor a vainilla con olor a coco hervido
me llenarás de pepitas de oro y me besarás
hasta que la penumbra vaya apaciguando
y el día nos reciba secreto feroz metálico
-Ian
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