Eres una esfera de cristal
en la rotonda de la muerte
rabiando en medio del sueño
he acabado por enloquecer
los minutos de los días están
repletos de memorias falsas
ha llegado la hora de lo ajeno
de la distancia autoinfligida
notas siquiera mis manos
que se repliegan frente a ti
aterrados de lo que podrían
encontrar en el vacío oscuro
que hemos manufacturado
el viento que te ha arrastrado
hasta tierras inaccesibles
es el mismo que me aferra
a las cosas y a las palabras
que escasamente compartes
la primera hora de cada día
es acaso demasiado tarde
¿qué tan pronto es ahora?
no respondas esa pregunta
aunque supieras la respuesta
qué diferencia podría haber
los relojes rotos seguirían
marcando los segundos
la madrugada mínima del
polo seguiría congelando
las luces cobardes y ténues
de éste pasado constante
a nadie podría importarle
lo insignificante del dolor
que me empapa viscoso
al despertar del sueño
interminable e inquieto
en el que a menudo estás
y en el que a menudo no.
-Ian
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